Una palapra personal para ti

Guerras fronterizas

16 de diciembre de 2009

“Por último, FORTALÉZCANSE con el gran poder del Señor.  Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo.

Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales.

Por lo tanto, pónganse toda la ARMADURA DE DIOS, para que cuando llegue el día malo puedan RESISTIR hasta el fin con firmeza.

MANTÉNGANSE FIRMES, ceñidos con el cinturón de la verdad, protegidos por la coraza de justicia, y calzados con la disposición de proclamar el evangelio de la paz.

Además de todo esto, tomen el ESCUDO DE LA FE, con el cual pueden apagar todas las flechas encendidas del maligno.

Tomen el casco de la salvación y la ESPADA DEL ESPÍRITU, que es la palabra de Dios.  Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos.  MANTÉNGANSE ALERTA y perseveren en oración por todos los santos.”  (Efesios 6:10-18)

Queridos y amados hermanos,

Desde el momento de nuestra conversión hasta que partimos con el Señor, el diablo intenta tumbarnos y destruirnos.  Si no puede impedir que nos llegue la luz del Evangelio y seamos regenerados, intenta con toda su furia destruir el niño, o esa nueva vida que se produjo en nuestro espíritu al recibir la vida de Cristo.  Al igual que Faraón intentó matar todos los niños Hebreos, y Herodes hizo la matanza de los inocentes intentando matar al Rey que nació en Belén en aquella primera Navidad, así el enemigo de nuestras almas quiere devorar cada cristiano antes de que sea maduro y le sea una amenaza.

La lucha que vamos a librar y en la que nos encontramos, es contra principados y potestades de tinieblas que utilizando el mundo que nos rodea, y la carne, procura robarnos la fe.  El ladrón viene con un solo motivo, y es el de robar, matar y destruir.  El ataque va directamente contra NUESTRA FE en JESUCRISTO.  Desde que hemos sido trasladados del reino de Satanás al reino del amado Hijo de Dios, las fuerzas del maligno intentan que perdamos la fe que nos unió con el Omnipotente.  El Espíritu de Cristo, es el espíritu de vida que nos sostiene.  Debemos mantener esa vida con la oración y el maná de la Palabra.  “Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos.”  (Efesios 6:18)

La guerra contra nuestra fe

La Biblia dice que la fe es la CERTEZA de las cosas que se esperan”.  Esa palabra, certeza, en griego es hupostasis; está compuesta de dos palabras:  “Hupo” y “histemi”.  Significa soportar, un soporte a la esperanza.  La fe es algo que nos sostiene y reaviva la esperanza hasta que consigamos el objeto de la fe.  Como la escritura de propiedad de una casa que aún no se ha visto acabada de construir.  Cuando creemos, nos ponemos bajo el gobierno de Dios y decidimos confiar en Él.  La fe es una decisión del corazón.  Es ponerse del lado de Dios.  Es confiar cuando no podemos entender.  Esa fe nos asegura que Él es galardonador de los que le buscan y que cumplirá lo que Él ha prometido.

El ladrón de nuestras almas es el diablo, quien pretende en todo momento robarnos la fe, la esperanza y el amor.  Cuando la fe en Dios y en Su palabra es debilitada y quebrada, produce en el hombre y la mujer confusión y temor.  Donde no hay fe, hay temor.

“Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar:  Calla, enmudece.  Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza.  Y les dijo:  ¿POR QUÉ ESTÁIS ASÍ AMEDRENTADOS?  ¿CÓMO NO TENÉIS FE?”  (Marcos 4:39-40)

Jesús nos avisó que en el mundo tendríamos oposición y problemas, pero dijo:  “Ten ánimo Yo he vencido al mundo”.  Su victoria nos da la seguridad de nuestra victoria, si mantenemos la fe y una buena conciencia.  San Juan dijo que la fe vence el mundo.  Nos da a entender que todo lo que hay en este mundo, pone en peligro nuestra salvación.  El mundo, bajo el control del príncipe de la potestad del aire, quiere quitarnos la fe y nuestra confianza.  Pero en cualquier encuentro, la fe saldrá vencedora.

Jesús oró por Pedro para que su fe no flaquease.  “He aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero Yo he rogado por ti, que TU FE NO FALTE.”

Cuando nos desanimamos, la fe y la fuerza flaquean, por eso necesitamos orar los unos por los otros.  Parte importante de nuestra armadura y protección es el escudo de la fe.  Por lo tanto, es necesaria toda la armadura de Dios para poder protegernos de los dardos de fuego.  Cuando ocurren cosas que no entendemos, y tormentas que nos hacen dudar, y aparentemente Dios no responde a nuestras oraciones, es cuando se debilita el brazo izquierdo que sostiene el escudo, y no somos ágiles en empuñar la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios.

Marcando nuestro territorio

Tengo un vecino que tiene una perrera.  Muy a menudo se escapan sus perros y vienen a mi propiedad a ladrarme e intentar intimidarme en mi propia tierra.  Son de razas mezcladas con buldog que se utilizan para la caza de jabalí.  Esos perros piensan que todo el territorio es de ellos, y piensan que ¡soy yo el intruso!  Me desafiaron, ladrándome y enfrentándose a mí.  Cuando los perseguí hasta su casa, volvieron a retarme.  Tuve que tomar un bastón y MARCAR MI TERRITORIO, ahuyentándoles hasta que se metieron de nuevo en sus jaulas.  Entonces cerré una puerta de corral de vaca y aunque pueden pasar por la puerta, ahora la respetan, pues he establecido mi territorio y ya no entran más.

Así son los demonios, no respetan el territorio que hemos ganado apropiándonos de las promesas del Señor.  Los demonios se resisten a ser expulsados y las enfermedades se resisten a salir del cuerpo.  Pero tenemos que marcar nuestro territorio y decir:  “¡HASTA AQUÍ Y NO MÁS, DE AQUÍ NO PASAS!”

Todas las promesas del Señor son nuestras, esto es nuestro “territorio”, pero tenemos que ser firmes y mantener por la fe, la confesión de la palabra, y la oración, lo que Cristo ha ganado por nosotros en la cruz.  Él ha “despojado a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.”  (Colosenses 2:15)

Nosotros también tenemos nuestras propias GUERRAS FRONTERIZAS en nuestras vidas.  Estos son tiempos en que cada uno de nosotros se encuentra en su propia “guerra de fronteras”.  El enemigo parece haber cruzado la línea fronteriza y está tratando de ocupar nuestro territorio.  Muchas veces parece estar gobernando con una mano superior y nos ladra y amenaza.  Sin embargo, nosotros tenemos que defender y asegurar las fronteras y los límites.

Debemos establecer linderos que definen nuestro territorio, es decir, nuestra HERENCIA.  El enemigo siempre intentará que rindamos lo que hemos ganado.  Como lo que está sucediendo en Israel.  Sus vecinos, teniendo la mira en su destrucción, ofrecen pactos de paz en cambio por territorio.  Israel ya ha cedido mucho terreno que anteriormente había ganado en la guerra de 1967, a cambio por promesas vacías de paz.

Nuestras fronteras son marcadas por el nivel de nuestra entrega, por las guerras que hemos luchado y vencido, por las disciplinas que practicamos, por la palabra que hemos creído, por las áreas santificadas al Señor, por la verdad que ha sido revelada a nuestro espíritu y que hemos aplicado, por nuestro sacrificio, obediencia y fidelidad a pesar de las dificultades, por la pureza de nuestro corazón, por los pactos de sal que hemos hecho con el Señor, etc.  ¡NO RINDES lo que has conquistado y lo que otros han sacrificado tanto por tu vida!  No somos de aquellos que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe y perseveran hasta la salvación de sus almas.

“Someteos, pues, a Dios; RESISTID AL DIABLO, y huirá de vosotros.”  (Santiago 4:7)

Parte de nuestra guerra consiste también en RESISTIR.  Algunas veces el “resistir” es prolongado, y hay que seguir resistiendo hasta que huya.  Debemos resistir las tentaciones, dudas, desánimos, acusaciones y ataques con lo que el enemigo nos bombardea.  A veces simplemente con reprender al diablo no es suficiente y hay que continuar sin darle tregua.  El diablo opone nuestro avance en cada frente.

Jesús nos enseñó que debemos orar siempre y no desmayar.  El error que cometemos a menudo, es que oramos y luego esperamos un resultado enseguida, cuando es necesario orar HASTA que tengamos la respuesta, como lo hizo el profeta Daniel.  Hay muchos factores que no comprendemos que pueden estar impidiendo ver la mano de Dios.  Elías tuvo que orar fervientemente siete veces antes de que cayera la lluvia.

Cristo despojó a satanás de su autoridad en la cruz, pero él continúa manteniendo cautivas las almas hasta que la Iglesia EJERZA la VICTORIA que Cristo ganó por su sacrificio.  La intercesión no solo significa oración, sino que es representar a Dios en Su dominio sobre las huestes del enemigo.  Las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia de Cristo, pero esa victoria no es automática, sino que tenemos que tomar el bastón de las promesas en una guerra espiritual que requiere todo el esfuerzo del alma.  La guerra está ganada pero la lucha sigue.

Estando alerta y resistiendo

“Sean de espíritu sobrio, estén ALERTA.  Su adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar; pero RESISTIDLE FIRMES en la FE.”  (1ª Pedro 5:8)

Otras traducciones usan la palabra “vigilad o velad”.  El contexto es la guerra espiritual.  Aquí habla de nuestro adversario y nos desafía a vivir en un estado de alerta o vigilancia, tanto para nosotros, como para nuestros hermanos en Cristo.

“Para que Satanás NO GANE VENTAJA alguna sobre nosotros; pues NO IGNORAMOS sus maquinaciones.”  (2 Corintios 2:11)

En la medida en que somos ignorantes de la forma en que nuestro adversario piensa y actúa – ignorantes de sus planes, de sus maquinaciones y estrategias – es el grado en la que él ganará sobre nosotros, se aprovechará de nosotros, nos robará de lo que es nuestro y mantendrá la mayor parte.

1)  La protección sobre los ataques de nuestro enemigo – incluso para los creyentes – no es automática.  Hay una parte que nosotros tenemos que librar.  Aunque Dios es soberano, Él ha dejado mucho a las decisiones y acciones de la humanidad.  Tenemos una responsabilidad y un papel que desempeñar.

Hay una forma muy común de pensar que es:  “lo que será, será”.  Pero Jesús dijo:  “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que ATARES en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que DESATARES en la tierra será desatado en los cielos.”  (Mateo 16:19)  Dios ha dado autoridad a la Iglesia para establecer Su reino.  Si tú no atas, no se ata.

2)  El plan de Dios es avisarnos o alertarnos sobre las tácticas de Satanás.  Esto se deduce del simple hecho de que, puesto que Dios nos dice de no ser ignorantes de las tácticas de Satanás, entonces tiene que estar dispuesto a hacernos conscientes de ellas.  Debemos estar alerta – permanecer vigilante – o no vamos a percibir los intentos de Dios para advertirnos de los ataques de Satanás y sus planes.  Nuestro Pastor y Padre Celestial nos avisa antes de los ataques.  El león ataca a los que se separan de la manada y busca al débil y a los que no están alerta.

3)  Si no estamos atentos y vigilantes, si somos ignorantes de las tácticas de Satanás, él tomará la porción más grande.  Ganará sobre nosotros, aprovechándose de nuestra ignorancia.  El que se relaja y deja de estar alerta, será otra baja en las filas.

“Velad, ESTAD FIRMES en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.”  (1ª Corintios 16:13)

“VELAD, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.”  (Lucas 21:36)

Recordemos que Jesús intentó alertar a sus discípulos acerca de lo que se avecinaba, pero no aprovecharon su aviso y fueron dispersados, cada uno por su lado, y le dejaron solo en su hora de prueba.  Espero que no volvamos a cometer este mismo error.  El Señor nos está avisando de los peligros y pruebas que se nos avecinan, y nos exhorta a que velemos y que estemos atentos a Su voz.

Manteniéndonos firmes

San Pablo amonesta:  “MANTÉNGANSE FIRMES, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia”.  (Efesios 6:14)

Hay tres áreas principales donde ruge la guerra:

1)   La primera es acerca del NOMBRE y la AUTORIDAD de JESUCRISTO.  Él ha declarado:  “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.  Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones.”  Debemos entender que Jesucristo tiene todo el poder y la autoridad en el cielo y en la tierra y que en Su nombre podemos cumplir la tarea que nos encomienda.  Dios le ha dado a Cristo toda potestad en el cielo y en la tierra.  Si Él tiene toda la potestad (autoridad delegada del Padre) entonces el diablo no tiene ningún derecho.  Es un arma poderosa que Dios ha dado a Su Iglesia, la autoridad en el Nombre de Jesucristo.  Tenemos que estar muy seguros de la autoridad que tenemos y pedir a Dios el denuedo para usarla sin dudar.

El poder del enemigo consiste en la intimidación, la acusación y el engaño con sus mentiras.  Sus armas principales son el engaño y la acusación.  Sus engaños desvían del buen camino a los ignorantes.  Sus acusaciones causan divisiones en el hogar y en la Iglesia.  Sus dudas pretenden separarnos de Dios y traer desconfianza.  El enemigo lanza pensamientos contra la Iglesia como flechas encendidas y si no tenemos la mente bien protegida seremos heridos.  Venciendo sus acusaciones y sentido de culpabilidad con valor y coraje, y confesando La Palabra, vencemos la guerra.

San Pablo al terminar su vida pudo decir, “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.”  (2ª Timoteo 4:7)  Eso debe ser la meta de cada uno que comienza, mirando solamente a Cristo, el autor y consumador de la fe.  No debemos dudar nunca del poder del nombre de Cristo.  Él ha prometido:  “En Mi nombre echarán fuera demonios”.  Los demonios han echado a muchos de la Iglesia en vez de nosotros echarles a ellos.

2)   La segunda área de lucha está en confiar en la SANGRE de JESUCRISTO.  Hay poder en la sangre de Cristo.

“Y ellos le han vencido por medio de la SANGRE del CORDERO y de la palabra del testimonio de ellos...”  (Apocalipsis 12:11)

Lo importante realmente es vencer al mundo, a la carne y al diablo y sus dardos de fuego que quieren derrumbar nuestra fe y desviarnos de la meta de estar firmes en Cristo.  Además de ser padre de mentiras, el diablo es el acusador de los hermanos.

¿Cómo vamos a vencer nosotros?  No en la fuerza de nuestra voluntad, sino por la sangre del Cordero que nos ha redimido, despojando en la Cruz a Satanás de todo su poder, dominio e imperio.  Si no fuera por la sangre de Cristo, ¿Cómo podríamos vencer?  No dudemos nunca del poder de la sangre del Cordero de Dios que fue derramada en la cruz y nos compró.  Somos suyos, pertenecemos a Él.  La base de nuestra victoria es la sangre de Cristo y sobre este cimiento edificamos la confesión, la palabra de fe que predicamos.  Confiesa que eres hijo de Dios, que estás en Cristo y Cristo está en ti.  Eres redimido por la sangre del Cordero y eres más que vencedor.  ¿Quién nos condenará? 

“¿Quién acusará a los escogidos de Dios?  Dios es el que justifica.  ¿Quién es el que condenará?  Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.”  (Romanos 8:33-34)

“Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y LIMPIARNOS de TODA maldad.”

La sangre de Cristo nos limpia de todo pecado.  Todo significa todo.  El acusador de los hermanos no tiene ningún derecho de levantar calumnia contra los siervos de Dios, lavados por la sangre de Yeshua.  El diablo tiene muchas estrategias para destruir la Iglesia, pero si nos mantenemos firmes, sin titubear, ni desmayar, venceremos.  “Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio.  Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de Mí vendrá, dijo Jehová.”  (Isaías 54:17)

Somos el pueblo escogido de Dios, redimido, justificado y santificado.  No pierdas la fe en la sangre de Cristo.  Es nuestra victoria y la garantía de nuestra salvación.

3)   Tercero, la fe debe estar basada firmemente en la PALABRA infalible de Dios.  Al aumentar las pruebas e intensificarse la batalla, se puede perder ese lugar de completa confianza en la Palabra de Dios.  Tenemos que luchar para recuperar, “el reposo”, donde no hay temor, ni duda, de que Dios nos ama, nos ampara, tiene control y está por encima de todas las circunstancias.

Desde el principio, el diablo ha querido sembrar dudas acerca de lo que Dios ha dicho.  Le dijo a Eva:  “¿Conque Dios os ha dicho:  No comáis de todo árbol del huerto?”  Y después sembró un pensamiento de duda, abiertamente refutando la Palabra de Dios diciendo:  “No moriréis”.  Su estrategia no ha cambiado porque aún funciona.  Al diablo se le resiste declarando la Palabra:  “¡Escrito esta!”.  Jesús dijo:  “El cielo y la tierra pasarán, pero MIS PALABRAS NO PASARÁN.”  (Mateo 24:35)

La Palabra nos limpia:  “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado”.  (Juan 15:3)  La Palabra puesta por obra en obediencia, es el fundamento de nuestra fe.

El Centurión era un ejemplo de fe cuando pidió a Jesús:  “Di la palabra, y mi siervo será sano”.  (Lucas 7:7)

Dios está buscando personas que crean literalmente lo que Él ha dicho y que en la plena confianza de quién es Él, salgan sin temor para confrontar las huestes de satanás en el Nombre que es sobre todo nombre.

No temas, cree solamente.  Si has perdido territorio y permitido que el enemigo gane ventaja, ponte firme, PERSIGUE SIN TEMOR a esos perros, hasta que se metan en sus cuevas, y no temas pues tu Divino Pastor te protegerá.  Estando persuadido de esto, que El que comenzó en ti la buena obra, la perfeccionará.  Guarda tu fe y vence levantando de nuevo el escudo y declarando lo que Dios dice.  Levántate, sacúdete de la contaminación espiritual, y vístete de poder, del poder de la armadura espiritual.  El que vence heredará todas las cosas y reinará con Cristo.

“Por último, FORTALÉZCANSE con el GRAN PODER del Señor.  Pónganse TODA la ARMADURA de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo.”  (Efesios 6:10)

“Si en verdad permanecéis fundados y FIRMES en la FE, y SIN MOVEROS de la esperanza del evangelio que habéis oído.”  (Colosenses 1:23)

Amen.

Un abrazo paternal en el amor de Cristo,

Daniel


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